La cautela se instaló en Wall Street. Los grandes fondos de inversión están reduciendo su exposición en la Argentina, una señal inequívoca de que la paciencia con las reformas y la estabilidad macroeconómica empieza a agotarse. Esta retirada, aunque gradual, es un mensaje potente para el gobierno y para el mercado local: sin resultados concretos y sostenibles, el capital se fuga, buscando refugios más seguros y rentables.

La baja en el apoyo al gobierno, tal como lo indican algunos analistas financieros, se convierte en un factor de riesgo adicional. Un ejecutivo de un banco de inversión señaló: "Necesitamos ver señales claras de sostenibilidad fiscal y política. La incertidumbre desalienta cualquier inversión a largo plazo". La promesa de un país atractivo para la inversión privada se desvanece si la confianza no se consolida, poniendo en jaque el tan anhelado despegue económico. ¿Es esta retracción un toque de atención para acelerar el ajuste o un síntoma de un problema más profundo?