La noticia de que Soledad Pastorutti sería la elegida para entonar el Himno Nacional en la final del Mundial desató una ola de opiniones encontradas. Si bien la "Sole" es una figura querida y representa una parte del folklore argentino, el hecho de que fuera el "plantel" de la Selección quien la habría "pedido" para la final, genera preguntas sobre la transparencia de las decisiones y la influencia de los jugadores en aspectos que van más allá de lo deportivo. ¿Es la elección musical una decisión colectiva o una imposición desde los vestuarios?
Este episodio expone una vez más la delgada línea entre el deseo popular y la injerencia de intereses o figuras influyentes. La presencia de la cantante en un evento de magnitud global es innegable, pero el "cómo" se llegó a esa decisión alimenta el debate. ¿Se busca un verdadero consenso cultural o se cede ante presiones internas o mediáticas?
¿Debería la elección de un símbolo nacional como el Himno, en un evento tan crucial, estar sujeta a la preferencia de un grupo, por más importante que sea? ¿O es este un reflejo más de cómo las celebridades deportivas ejercen un poder que trasciende la cancha?