La situación de casi 400 pasajeros argentinos varados en Brasil tras la falla de un vuelo "low cost" hacia España, es un crudo recordatorio de que lo barato puede salir muy caro. Más allá de la promesa de precios accesibles, estos incidentes exponen la vulnerabilidad de los usuarios y la necesidad de una regulación estricta que garantice estándares mínimos de seguridad y atención. ¿Quién asume la responsabilidad cuando la "libertad de mercado" se traduce en desamparo para el consumidor? Este caso no solo afecta a los individuos involucrados, sino que también pone en tela de juicio la capacidad de control de las autoridades de aviación y la protección al consumidor. Es imperativo exigir a las aerolíneas que cumplan con sus obligaciones y que el Estado garantice un marco legal que prevenga estas situaciones, más allá de la conveniencia económica. La crítica al garantismo debe aplicar también a las empresas que operan con laxitud. ¿Hasta cuándo toleraremos que la búsqueda de la rentabilidad se imponga sobre los derechos básicos de los ciudadanos?