El anuncio de YPF sobre una inversión de US$ 51.000 millones para exportar GNL desde Vaca Muerta, con proyecciones de USD 10.000 millones anuales para 2031, genera una mezcla de entusiasmo y escepticismo. Horacio Marín, presidente de la petrolera, pinta un futuro promisorio donde Argentina se consolida como potencia energética. Sin embargo, la historia reciente del país está marcada por promesas incumplidas y una burocracia estatal que suele ahuyentar las inversiones de largo plazo. ¿Está garantizado que este monumental proyecto no se diluya en la inestabilidad política y regulatoria?

La adhesión al RIGI es un paso en la dirección correcta para generar certidumbre, pero la experiencia argentina dicta cautela. La 'casta' política, con su voracidad fiscal y su tendencia a la intervención, podría ver en este boom una nueva caja a expoliar, poniendo en riesgo la sustentabilidad de la inversión privada que tanto se necesita. Los críticos recuerdan la pesada carga impositiva y la falta de previsibilidad que históricamente han frenado el desarrollo. El desafío no es solo técnico, sino profundamente político y cultural.

¿Logrará el gobierno actual blindar este proyecto de las tentaciones populistas y asegurar un marco estable para que estas 'torres' de energía se concreten y beneficien a todos los argentinos?