Argentina ha dejado de ser el faro turístico de la región, un declive que va más allá de fluctuaciones coyunturales y apunta a problemas estructurales profundos. La alta presión impositiva, la inestabilidad macroeconómica y una infraestructura que no siempre acompaña el potencial natural, han convertido al país en un destino más caro y menos predecible. Mientras países vecinos invierten en promoción y desregulación, aquí las trabas y la burocracia sofocan la iniciativa privada.

La intervención estatal en sectores clave, sumado a la falta de visión a largo plazo, ha provocado que un sector con enorme potencial generador de divisas y empleo se desdibuje. No se trata solo de la falta de inversión privada, sino de un entorno que la desalienta. ¿Qué políticas necesita Argentina para recuperar el brillo perdido y volver a ser competitiva a nivel regional, o seguirá la "casta" dilapidando esta oportunidad de crecimiento?