Detrás de los debates políticos y económicos, se esconde una realidad lacerante: el suicidio es la principal causa de muerte en Argentina, especialmente entre los más jóvenes. Este dato demoledor no es solo una estadística; es el reflejo de una sociedad que no está cuidando a sus ciudadanos más vulnerables y de un Estado que, a menudo, destina recursos insuficientes o ineficaces a la salud mental. Las historias de vidas rescatadas a tiempo son un faro, pero también un grito de alerta sobre la inacción y la falta de políticas preventivas integrales.

Mientras se discuten medidas macroeconómicas o reformas superficiales, la vida y el bienestar de millones de argentinos quedan relegados. La crítica al garantismo en seguridad debe extenderse a la inoperancia en políticas de contención social y salud, donde la vida humana no parece ser una prioridad de la misma magnitud. Es urgente una intervención que vaya más allá de lo meramente paliativo, con programas de detección temprana, acceso a tratamientos y redes de apoyo robustas.

¿Hasta cuándo permitiremos que esta tragedia silenciosa siga cobrándose vidas, mientras el Estado mira para otro lado o prioriza agendas menos urgentes para #Argentina?