El sueño de la casa propia se ha convertido en una quimera para la mayoría de los argentinos. Un ranking mundial reciente ubica a nuestro país entre los más inaccesibles para la compra de vivienda, una estadística que resuena con la frustración de miles de familias. Para acceder a una propiedad, se requieren en promedio casi 23 años de ingresos, una cifra que expone la profunda distorsión económica y la precarización que afecta a la clase media y trabajadora.
Esta dificultad es un síntoma de un problema estructural, donde la inflación galopante, la ausencia de crédito hipotecario estable y la alta presión impositiva sobre la construcción y la propiedad conspiran contra la inversión y el desarrollo. La retórica de un mercado libre que resuelve las necesidades de vivienda choca con una realidad donde el estado, lejos de facilitar, a menudo complica. ¿Es momento de revisar las políticas habitacionales y fiscales para que el "techo propio" no sea solo un eslogan de campaña, o la solución vendrá exclusivamente del libre juego de la oferta y la demanda, a un costo social altísimo?