La Argentina ha vuelto a quedar expuesta en un ranking mundial, esta vez entre los países con peor acceso a la vivienda, un dato que subraya la cruda realidad de miles de ciudadanos que ven el sueño del techo propio como una quimera. La dificultad para comprar una casa no es un fenómeno reciente, pero su agudización plantea serios interrogantes sobre las políticas económicas y habitacionales de las últimas décadas. Inflación descontrolada, altísima presión impositiva y una excesiva intervención estatal en el mercado inmobiliario son factores que, desde una perspectiva liberal, han contribuido a esta lamentable posición.

Mientras el costo de vida se dispara y el acceso al crédito se vuelve prohibitivo, la brecha entre el salario promedio y el valor de las propiedades se amplía. Los datos son contundentes: Argentina está entre los 15 países con mayor dificultad, una señal clara de la necesidad de reformas estructurales que desburocratizen el sector, fomenten la inversión privada y brinden estabilidad económica. De no hacerlo, el acceso a la vivienda seguirá siendo un privilegio y no un derecho accesible.

¿Es la actual dificultad para acceder a la vivienda una herencia del estatismo económico o un desafío que el liberalismo debe resolver urgentemente en #Argentina?