Un nuevo ranking global ubica a Argentina entre los países donde más difícil es acceder a una vivienda, con la capacidad de compra reducida a niveles alarmantes. Este dato no solo es una estadística, sino el reflejo de una profunda crisis social y económica que impacta directamente en la calidad de vida de las familias. La dificultad para obtener un techo propio es un síntoma de distorsiones estructurales que persisten más allá de los ciclos económicos.La incapacidad de gran parte de la población para acceder a créditos hipotecarios o ahorrar para la compra de una propiedad apunta a una combinación de factores: alta inflación, salarios deprimidos y una excesiva presión fiscal sobre la construcción y la propiedad que encarece el sector. Mientras algunos abogan por mayor intervención estatal para subsidiar el acceso, nuestra línea editorial sugiere que son las regulaciones y la inestabilidad macroeconómica, producto de la injerencia política, las que ahogan el mercado y lo hacen inaccesible.¿Hasta cuándo seguirá siendo el techo propio un lujo inalcanzable en Argentina? ¿Es el mercado ineficiente o las políticas erráticas del Estado las que condenan a la mayoría a alquilar de por vida?