El Estadio Alberto J. Armando fue el escenario de una tarde a puro corazón, sufrimiento y definitivo desahogo para toda la parcialidad xeneize. En el marco de una fecha crucial para la tabla de posiciones de la Liga Profesional, Boca Juniors logró imponerse de manera agónica ante un Lanús batallador que vendió extremadamente cara su derrota. El triunfo no solo aporta tres puntos de oro en la pelea por la clasificación a las copas continentales, sino que le otorga un oxígeno fundamental al ciclo técnico del equipo de la Ribera, sumamente cuestionado por el bajo nivel de juego en las últimas presentaciones colectivas.
El uno por uno del rendimiento en el choque de boca vs lanus dejó saldos marcadamente dispares, donde la solidez defensiva y las respuestas clave de la portería sostuvieron el marcador en los peores pasajes de juego del equipo. No obstante, los goles boca llegaron por intermedio de una genialidad individual y un remate agónico sobre el final de los minutos recuperados que desató el delirio en la Bombonera. Para Lanús, el resultado final representa un castigo excesivo para un planteo inteligente que mereció al menos rescatar una unidad de territorio hostil en este atractivo compromiso del futbol argentino.
Este agónico triunfo reabre la discusión táctica sobre el funcionamiento colectivo y el verdadero volumen de juego de un plantel plagado de figuras individuales que sufre para consolidar un estilo de juego vistoso. La jerarquía individual salvó un partido en un contexto de desorden que no debe ser soslayado si se aspira seriamente a pelear grandes objetivos competitivos en el mediano plazo.
¿Podrá Boca capitalizar este desahogo deportivo para construir finalmente una fisonomía colectiva sólida o seguirá dependiendo exclusivamente de milagros agónicos y destellos de sus estrellas individuales?