La reactivación de la actividad económica pyme y el fomento del crédito hipotecario se han convertido en prioridades estratégicas del Gobierno para contrarrestar la recesión. A tal fin, la conducción del Banco Central de la República Argentina ha dispuesto una serie de medidas de flexibilización y control de liquidez con el objeto de inducir un freno generalizado en las tasas activas que cobran los bancos por financiamiento productivo y consumo personal.
La decisión de detener la suba de tasas BCRA creditos se fundamenta en la necesidad de ofrecer financiamiento competitivo para la inversión de capital de trabajo pyme y de familias que buscan acceder al mercado inmobiliario de viviendas. Al suavizar los requisitos normativos y reducir el costo de fondeo, la autoridad bancaria aspira a que se canalice un volumen de préstamos de gran escala hacia la actividad productiva de la economía real, estimulando la generación de empleo indirecto.
La principal preocupación que plantean los economistas de mercado gira en torno al destino final de la liquidez inyectada. Al abaratarse el acceso a los créditos de pesos, existe el riesgo latente de que empresas y particulares decidan utilizar dicho financiamiento de bajo costo para dolarizar carteras en el mercado de cambios libre, presionando sobre la cotización del dólar blue y los instrumentos bursátiles del contado con liquidación.
Frente a este riesgo, la tasa de política monetaria se mantendrá monitoreada de manera continua para evitar desajustes profundos con el proceso inflacionario. El desafío de la autoridad monetaria reside en calibrar la oferta monetaria justa para que las tasas reales acompañen la reactivación crediticia sin despertar expectativas especulativas o recalentar de manera imprevista los índices generales de precios minoristas.
¿Será suficiente la reducción de las tasas activas para revivir el financiamiento pyme e hipotecario en un contexto de persistente incertidumbre cambiaria?