La presentación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) más grande para el proyecto de Argentina LNG de YPF, con u$s51.000 millones, es una señal de que el gobierno busca atraer capitales a toda costa. Desde Panorama.ar, la sola magnitud de la cifra invita al optimismo, pero también a la cautela. Si bien el RIGI es una herramienta diseñada para destrabar proyectos de gran escala, su éxito dependerá de que realmente genere un marco de libertad y previsibilidad, y no sea una herramienta para el amiguismo o la discrecionalidad estatal.
Un régimen de incentivos debe ser transparente y equitativo, sin crear privilegios para unos pocos. La inversión en GNL es estratégica para Argentina, ya que puede transformar al país en un exportador global de energía. No obstante, la historia reciente está plagada de "incentivos" que terminaron siendo subsidios encubiertos o favores políticos, distorsionando la competencia y afectando al resto de la economía. El verdadero éxito del RIGI se medirá en la multiplicación de inversiones y la generación de valor agregado para todos los argentinos.
¿Será el RIGI una verdadera herramienta de fomento a la iniciativa privada y la exportación, o una nueva forma de intervención estatal que, bajo el manto de los incentivos, solo busque controlar sectores estratégicos? ¿Estamos garantizando un entorno de libre mercado o diseñando un traje a medida para determinados jugadores, con el riesgo de replicar el viejo "capitalismo de amigos"?