Los datos revelados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) confirmaron una nueva caída ventas minoristas en la medición interanual, acumulando varios meses consecutivos en terreno negativo. A pesar de que los índices mensuales de inflación han mostrado una desaceleración progresiva, la actividad mercantil sigue resentida por el deterioro acumulado del consumo interno.
El relevamiento sectorial señala que la contracción afectó a la amplia mayoría de los rubros evaluados, registrándose las caídas más severas en alimentos, farmacia, indumentaria y electrodomésticos. El comercio de cercanía y las pymes comercio enfrentan una doble presión: por un lado, menores volúmenes de venta y, por otro, costos fijos operativos en aumento por las tarifas de servicios e inquilinos comerciales.
Desde el sector pyme afirman que la recesión argentina continúa congelando las decisiones de contratación e inversión. Si bien la estabilidad cambiaria otorgó cierta previsibilidad en el abastecimiento, los consumidores mantienen un patrón de compra sumamente austero, priorizando marcas económicas y reduciendo consumos prescindibles para llegar a fin de mes.
El Gobierno confía en que la estabilización de los precios termine derivando en un rebote del crédito al consumo que incentive la actividad comercial hacia la segunda mitad del año. No obstante, las cámaras empresariales advierten que la velocidad de la recuperación del poder adquisitivo salarial será el único factor determinante para revertir la tendencia recesiva.
¿Logrará el consumo interno reactivarse en el corto plazo sin una mejora sustancial en los salarios reales?