El fallecimiento de Antonio Ubaldo Rattín, ícono de Boca Juniors y la Selección Argentina, golpea no solo por la pérdida de un grande, sino por la nostalgia de un fútbol diferente. Rattín representaba la garra, la identificación con la camiseta y una época donde los valores deportivos parecían menos mercantilizados. Su figura, sinónimo de carácter y liderazgo, ¿es un recordatorio incómodo para las generaciones actuales de jugadores y dirigentes?
Este "Colorado" no solo lideró en la cancha, sino que se convirtió en un símbolo de resistencia y pasión popular. Su muerte invita a reflexionar: ¿Hemos desvirtuado la esencia del juego en pos de la inmediatez y el negocio? ¿Hay espacio hoy para figuras de su talante, que prioricen el honor deportivo por encima de contratos multimillonarios?