El contrabando no es un delito menor; es un cáncer que corroe la economía argentina, alcanzando ya el 5% del Producto Bruto Interno, según un reciente estudio regional. Esta cifra escandalosa significa que millones de dólares evaden controles, impuestos y regulaciones, alimentando circuitos informales y precarizando el mercado laboral. ¿Qué sectores son los más afectados? Desde la indumentaria hasta la electrónica, pasando por alimentos, las industrias nacionales luchan contra una competencia desleal que mina su capacidad de producción y empleo. Los datos son claros: mientras algunos denuncian la carga impositiva, la sombra del contrabando demuestra la ineficacia de los controles y la complicidad de ciertos actores. Esto no solo afecta la recaudación fiscal, sino que también distorsiona precios y ahuyenta inversiones.

¿Estamos dispuestos a seguir mirando para otro lado mientras una parte sustancial de nuestra riqueza se fuga por la puerta trasera? La pregunta es: ¿quién se beneficia realmente de este esquema y qué medidas concretas se están tomando para desmantelarlo, más allá de la retórica?