El mapa de la provincia de buenos aires podría sufrir la transformación más radical de su historia si avanza la propuesta de un grupo de legisladores de la centroderecha. El proyecto para federalizar el conurbano bonaerense busca escindir administrativamente al cinturón industrial y habitacional que rodea a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, asimilando su gestión a un estatus federal similar al de un distrito autónomo.
Quienes impulsan la reforma política sostienen que la gigantesca escala de buenos aires la vuelve ingobernable, lo que condena a millones de habitantes a la desidia estructural y a la falta de servicios básicos. La división propuesta dividiría el territorio en múltiples regiones autónomas con control de recursos propios, buscando atomizar la administración de salud, seguridad y educación para agilizar las respuestas estatales.
Por el contrario, desde el peronismo bonaerense denuncian la iniciativa como un intento desembozado de intervenir el histórico bastión electoral del kirchnerismo y la oposición actual. Argumentan que el conurbano, desprovisto del presupuesto de la provincia y de los fondos que de allí se derivan, quedaría en una situación de extrema vulnerabilidad presupuestaria, dependiendo de la discrecionalidad de la coparticipacion federal de impuestos que maneje el Poder Ejecutivo nacional.
La geopolítica electoral argentina cruza de lleno este debate: reducir la influencia de la gobernación de Buenos Aires desarticularía la principal plataforma de resistencia que posee la oposición peronista frente al avance del esquema de ajuste libertario.
La discusión trasciende lo puramente técnico y entra en el terreno de la supervivencia de los liderazgos provinciales en un país que debate constantemente la distribución equitativa de sus ingresos fiscales federales. ¿Se trata de un proyecto viable orientado a resolver la crisis de infraestructura y gobernabilidad de los municipios bonaerenses o de una mera jugada partidaria para minar el poder del peronismo en su territorio más fiel?