En un sorpresivo pero estratégico movimiento de ajedrez diplomático, la gigante de servicios petroleros Schlumberger (SLB) confirmó que no participará de ninguna actividad exploratoria o comercial en las Islas Malvinas. Esta decisión representa un severo golpe para las pretensiones de exploración petrolera off-shore que impulsa el Reino Unido en el Atlántico Sur, y reaviva la discusión sobre el control de los recursos naturales en la plataforma continental de nuestro país.
La empresa SLB, que lidera el mercado global de tecnología para pozos petroleros, notificó formalmente su salida de los esquemas que pretendían operar en la cuenca de las islas. El anuncio se produce tras intensas gestiones de la Cancillería argentina y la persistente presión legal y regulatoria que la legislación nacional ejerce sobre las corporaciones que intentan explotar hidrocarburos en territorio argentino sin la debida autorización de Buenos Aires.
Desde el punto de vista técnico, la retirada de una firma del calibre de SLB paraliza o encarece sustancialmente los proyectos de perforación en la zona, ya que muy pocas compañías en el planeta poseen la tecnología y el equipamiento requeridos para operar en aguas ultraprofundas. Las autoridades británicas de las islas intentaron minimizar el impacto, pero en el ámbito energético global se interpreta como un triunfo contundente de la estrategia de disuasión legal de Argentina.
Este retroceso de las petroleras anglosajonas demuestra que, más allá de la coyuntura política y de los cambios de signo en el gobierno nacional, el andamiaje legal de defensa de la soberanía de las Malvinas continúa siendo una herramienta eficaz para frenar el saqueo de recursos pesqueros y energéticos.
¿Logrará el país capitalizar este triunfo corporativo para forzar una mesa de negociación bilateral definitiva con el Reino Unido por la soberanía de las islas?