La noticia de una argentina detenida en Tokio con casi un kilo de cocaína ingerida en 101 cápsulas no solo impacta por el modus operandi, sino que pone de manifiesto la expansión sin límites del narcotráfico. Este caso, que cruza fronteras y desafía la seguridad aeroportuaria, es un crudo recordatorio de que la lucha contra el crimen organizado exige una postura de mano dura y un compromiso inquebrantable por parte del Estado.

Desde Panorama.ar, siempre hemos sostenido que la permisividad y el garantismo son el caldo de cultivo para que estas redes criminales operen con impunidad. Mientras en países como Japón las consecuencias son inmediatas y severas, en Argentina a menudo se debate la eficacia de las penas y la "resocialización", dejando de lado la protección de la sociedad. Es hora de dejar de lado los eufemismos y aplicar todo el peso de la ley.

Este tipo de hechos deberían encender las alarmas sobre la vulnerabilidad de nuestros controles y la necesidad de una política de seguridad que no dé tregua a los delincuentes. ¿Estamos haciendo lo suficiente para proteger a la sociedad y evitar que Argentina sea una ruta o un semillero para el crimen internacional?