La presencia de la DEA en Argentina para una cumbre global contra el narcotráfico genera expectativas sobre un endurecimiento de la política de seguridad y una mayor cooperación internacional. Históricamente, el país ha sido un punto de tránsito y consumo creciente, con una legislación que, para muchos, ha sido demasiado blanda. La retórica de "mano dura" que acompaña este tipo de encuentros, sin embargo, debe traducirse en acciones concretas y sostenibles, lejos de la inercia garantista que a menudo frena el combate al crimen organizado.
Expertos señalan que la lucha efectiva contra los carteles requiere no solo cooperación, sino también voluntad política firme, inversión en inteligencia y una reforma judicial que garantice penas y condenas sin fisuras. Mientras algunos celebran la "sintonía" entre Argentina y EE.UU., otros advierten que sin cambios estructurales internos, la efectividad será limitada. ¿Estamos realmente dispuestos a enfrentar a las redes narco con toda la fuerza del Estado, o solo buscamos una foto internacional?
¿Podrá la "mano dura" con el apoyo de la DEA finalmente desmantelar las estructuras narcos en Argentina, o seguirá la impunidad reinando en las sombras?