Llenar el tanque en Argentina se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza, y un reciente ranking regional lo confirma: nos ubicamos en los puestos más altos en cuanto a precio de los combustibles. Esta realidad, que golpea directamente el bolsillo del consumidor y los costos de producción, no puede atribuirse únicamente a los vaivenes del mercado internacional. La pesada carga impositiva que recae sobre la nafta es un factor determinante y, a menudo, ignorado en el debate público.

Mientras el Estado se beneficia de una recaudación exorbitante a través de impuestos al combustible, la ciudadanía y las empresas de transporte sufren el impacto en cadena. Esta política impositiva regresiva no solo encarece la vida, sino que también resta competitividad a toda la cadena productiva, desde la agricultura hasta la logística. Reducir la presión fiscal sobre los combustibles sería un alivio inmediato y una señal clara de compromiso con la #Economia real.

¿Seguiremos financiando el gasto público desmedido con los impuestos más altos a la nafta, o es momento de revisar la estructura tributaria para aliviar a los ciudadanos y fomentar el desarrollo?