En la previa de los cuartos de final del Mundial, el presidente Javier Milei no dudó en mostrar su "fuerte respaldo" a la Selección Argentina. Este gesto, replicado por casi todos los líderes políticos en momentos de gloria deportiva, abre el interrogante sobre su verdadera motivación. ¿Es un apoyo genuino a la Scaloneta, una forma de conectar con el sentir popular o una estrategia política para capitalizar la euforia nacional y desviar la atención de temas más complejos de su gestión? La ambigüedad de estos actos suele generar debate, dividiendo opiniones entre quienes ven un gesto de unidad y quienes denuncian un uso "populista" del fútbol.
Históricamente, la política ha buscado cobijarse bajo el manto del fútbol, aprovechando su capacidad de movilizar masas y generar identificación. En un país polarizado, la Selección se erige como uno de los pocos puntos de encuentro. Sin embargo, ¿es ético o productivo para la política instrumentalizar este sentimiento? ¿Hasta qué punto el "aguante" presidencial a la Selección es un reflejo de su verdadera agenda para el país, o solo un eco efímero en la marea de la pasión? El análisis crítico invita a ir más allá de la foto.