La euforia por el pase a la final de la Selección Argentina fue el escenario perfecto para que el Presidente Javier Milei expresara su "emoción infinita" y capitalizara el sentimiento nacional. Sin embargo, en medio de las celebraciones, el mandatario aprovechó para lanzar un mensaje que resonó fuerte en los pasillos de la Casa Rosada: una crítica velada a su vicepresidenta, Victoria Villarruel, afirmando que "Argentina no se rinde".
Este gesto, interpretado como un intento de diferenciarse o consolidar su propio liderazgo en un momento de fervor popular, expone las fisuras dentro del oficialismo. ¿Es el fútbol un mero telón de fondo para las disputas de poder o Milei busca sendos réditos políticos de la mano de un éxito deportivo que poco tiene que ver con su gestión? La pregunta es si estas contradicciones fortalecen o desgastan la imagen del gobierno.