Ángel Di María, otro de los pilares de la Selección Argentina, fue contundente en su pedido: desea que Lionel Messi y Lionel Scaloni continúen al frente del equipo hasta el Mundial 2026. Esta declaración, si bien refleja el afecto y la confianza en sus líderes, subraya una preocupante dependencia en un puñado de figuras para el éxito futuro. ¿Es saludable para el desarrollo del fútbol argentino prolongar la estadía de una misma base, o es hora de planificar una transición más audaz?

El modelo de éxito de la Scaloneta es innegable, pero la ausencia de un plan claro de sucesión o de fomento de nuevas figuras que puedan ocupar roles protagónicos genera incertidumbre. Mantener a Messi y Scaloni es un deseo popular, pero ¿qué sucede si, por desgaste o decisión personal, deciden no seguir? La pregunta crucial no es solo si *deben* seguir, sino si el sistema futbolístico argentino está preparado para *cuando* ya no estén. ¿Cómo se construye un proyecto a largo plazo que no dependa de la eternidad de sus héroes?