El clamor de una argentina varada en Marruecos, víctima de violencia de género y un accidente, ha conmovido a la opinión pública. Su frase "No quiero ser una menos" resuena como un grito desesperado en un contexto donde la protección de los ciudadanos en el extranjero, especialmente en situaciones de vulnerabilidad, es crucial. Este caso no solo pone de manifiesto la urgencia de políticas efectivas contra la violencia machista, sino también la necesidad de un Estado presente y ágil para asistir a sus connacionales más allá de las fronteras.

Mientras se activan redes de ayuda solidaria, la pregunta sobre la eficacia de los mecanismos consulares y diplomáticos para responder a estas emergencias es inevitable. Es imperativo que el Estado garantice no solo la prevención de la violencia, sino también la protección y el retorno seguro de sus ciudadanos, sin caer en dilaciones burocráticas que profundicen el desamparo. ¿Está Argentina a la altura de las circunstancias para proteger a sus ciudadanos en el mundo y combatir la violencia sin demagogia?