El caso de la manzana argentina es un ejemplo paradigmático de oportunidades perdidas por la injerencia estatal y la falta de visión a largo plazo. Lmneuquen.com reporta cómo, a pesar del crecimiento constante del comercio mundial de manzanas, Argentina no solo no pudo capitalizarlo, sino que retrocedió drásticamente en su participación. Este declive se atribuye a factores como la alta presión impositiva, la burocracia excesiva y la inestabilidad económica, que ahuyentan la inversión y desincentivan la producción.

Desde una perspectiva liberal, la intervención constante del Estado y las regulaciones distorsivas crean un ambiente hostil para el productor, impidiendo su competitividad global. El sector, vital para economías regionales, necesita previsibilidad y reglas claras, no más parches ni subsidios que solo perpetúan la ineficiencia. ¿Hasta cuándo el intervencionismo seguirá condenando a la Argentina a perder negocios en mercados donde podríamos ser líderes?