El programa económico que lleva adelante el Poder Ejecutivo transita por un sendero de claroscuros que mantiene atentos a los consultores privados. Mientras los índices del INDEC confirman un sendero de desaceleración sostenida en la inflación mayorista y minorista, el mercado financiero da señales de nerviosismo con un aumento progresivo en la brecha entre el dólar oficial y las paridades alternativas.

Este fenómeno paradójico responde a la liquidez remanente en la economía que no encuentra tasas reales de interés suficientemente atractivas frente al riesgo percibido. Ante la incertidumbre política y la lentitud en la acumulación neta de reservas por parte del Banco Central, pequeños y grandes ahorristas han volcado sus posiciones de pesos hacia la adquisición de moneda extranjera como cobertura natural.

La contracara de la desaceleración inflacionaria es la notable contracción en el consumo masivo y el estancamiento del nivel de empleo industrial. El Gobierno confía en que la estabilidad de precios terminará recomponiendo los ingresos reales en el mediano plazo, pero la dinámica cambiaria amenaza con truncar ese proceso si se traslada a costos de insumos importados.

El equipo económico enfrenta el dilema de acelerar el ritmo de crawling peg oficial o mantener las tasas de interés elevadas a riesgo de congelar la recuperación del crédito. La sostenibilidad del modelo dependerá de la capacidad de equilibrar la demanda de divisas sin descuidar el objetivo primordial del déficit cero.

💬 Punto de debate

¿Logrará el Gobierno neutralizar la brecha cambiaria antes de que afecte la trayectoria a la baja de la inflación?