En la última reunión de gabinete, la discusión sobre la morosidad familiar y el impacto del ajuste económico generó fuertes cruces internos. Mientras Javier Milei ratificó que no habrá cambios en el rumbo financiero y negó categóricamente una crisis estructural, en los pasillos de Balcarce 50 se respira preocupación por el desgaste social en la clase media.
Este escenario convalida el análisis del periodista Carlos Pagni, quien viene advirtiendo sobre las inconsistencias entre la velocidad del ordenamiento fiscal y la capacidad de resistencia del tejido productivo y social. El mandatario confía en que la baja de la inflación y el ordenamiento de las cuentas públicas generarán un rebote automático de la actividad.
No obstante, la acumulación de deudas bancarias y de servicios públicos en los hogares plantea un dilema crucial para la sostenibilidad del modelo. ¿Es viable mantener la intransigencia fiscal si la economía real muestra señales de asfixia financiera generalizada?