La pasión por los fierros podría volver a rugir en suelo argentino de concretarse las intensas gestiones que el gobierno nacional lleva adelante con los organizadores de la Fórmula 1. El propio Javier Milei ha manifestado su interés político y comercial en concretar el retorno del Gran Premio de Argentina para la temporada 2028, apuntando a generar un fuerte impacto turístico y de marca país.
La iniciativa contempla una fuerte participación de capitales privados y patrocinadores internacionales para financiar la millonaria inversión que requiere la homologación del Autódromo de Buenos Aires. Mientras los fanáticos celebran el entusiasmo oficial, sectores críticos cuestionan que se dediquen esfuerzos políticos a eventos de élite en medio de una profunda crisis social y recesión.
¿Es la vuelta de la Fórmula 1 una inversión estratégica para el turismo o un gasto suntuario inoportuno en el actual contexto nacional?