La figura de Karina Milei, hermana del Presidente y pieza clave en la estructura de poder, se pone al frente de la coordinación para una posible visita papal a la Argentina, convocando a la Conferencia Episcopal. Este tipo de involucramiento directo desde la cúspide del Ejecutivo en asuntos que, tradicionalmente, se manejan con cierta distancia institucional, genera interrogantes sobre la línea que separa la diplomacia de una injerencia más profunda del poder político en las relaciones con la Iglesia.
Históricamente, la relación entre el Estado y la Iglesia ha sido compleja en Argentina, fluctuando entre la colaboración y la tensión. La activa participación de la Jefa de Gabinete, Karina Milei, en la organización de este evento de alta relevancia, puede interpretarse como un intento de capitalizar el capital simbólico de una figura global como el Papa o bien como un acercamiento genuino para recomponer lazos. Sin embargo, en un gobierno que pregona la reducción del Estado, la visibilidad de una funcionaria de tal jerarquía en la organización de un evento religioso abre el debate sobre la coherencia entre el discurso y la práctica.
Ante esta movida, ¿es la coordinación de Karina Milei una señal de una nueva política exterior o una demostración de poder en la escena interna? ¿Qué implicaciones tiene para la laicidad del Estado una participación tan prominente en la organización de una visita papal, y cómo se equilibra esto con la prometida austeridad y desregulación?