La actuación de Julián Álvarez fue, sin dudas, el punto más alto del encuentro contra Suiza, con un golazo que desequilibró la balanza. Sin embargo, el análisis crudo revela un equipo con las piernas pesadas, donde la mayoría de los jugadores no logró mantener la intensidad durante los 90 minutos reglamentarios, forzando un alargue agotador.

Esta situación genera una preocupación real de cara al decisivo choque contra Inglaterra. ¿Es sostenible el nivel de exigencia física de la "Scaloneta" o estamos forzando una maquinaria que ya muestra sus límites? Los preparadores físicos y el cuerpo técnico deben dar respuestas urgentes. ¿Será la frescura el factor clave que defina el pase a la final o se impondrá la "garra" argentina a pesar del desgaste?