La tensión en el peronismo bonaerense alcanzó un nuevo pico de intensidad tras la decisión del espacio político alineado con Axel Kicillof de no suscribir un documento multipartidario de respaldo explícito a Cristina Kirchner. El texto, que contó con el aval de más de veinte fuerzas políticas y agrupaciones kirchneristas, buscaba blindar la figura de la expresidenta ante el avance de sus causas judiciales. La llamativa ausencia de las firmas del kicillofismo expone una grieta profunda en el corazón del principal bastión opositor al gobierno de Javier Milei.

Desde el entorno del gobernador de la provincia de Buenos Aires intentaron de manera formal minimizar el impacto de la medida argumentando problemas de agenda y de redacción final de la proclama. No obstante, en las filas de La Cámpora y del kirchnerismo duro la actitud fue interpretada como una declaración de independencia abierta y un desplante imperdonable. La disputa de fondo es por la conducción del espacio y la estrategia electoral de cara a los próximos años, en un escenario donde Kicillof busca consolidarse como un líder autónomo sin la tutela directa del Instituto Patria.

Este distanciamiento no es fortuito. El gobernador enfrenta el complejo desafío de sostener una gestión provincial ahogada por los recortes de recursos nacionales, lo que le exige construir un perfil más amplio, pragmático y centrado en la gestión productiva antes que en las batallas puramente retóricas o judiciales. Al evitar quedar entrampado en la defensa corporativa de las causas de la exmandataria, Kicillof busca seducir a sectores del peronismo moderado y del electorado independiente que rechazan los extremos de la grieta.

Sin embargo, el riesgo de una fractura expuesta a nivel nacional debilita al peronismo en su rol de principal bloque de resistencia legislativa. La falta de un liderazgo unificado y la desconfianza mutua paralizan las iniciativas partidarias y le otorgan al oficialismo una valiosa ventaja política. Mientras los distintos sectores sigan disputando la herencia del poder interno, la construcción de una alternativa de gobierno sólida e integradora parece una meta lejana.

💬 Punto de debate

La batalla por la renovación del liderazgo opositor ya no se puede ocultar bajo consignas de unidad formal. ¿Podrá Kicillof liderar la reconstrucción del peronismo sin el aval explícito de Cristina Kirchner, o esta rebelión interna marcará el inicio de una fragmentación definitiva del movimiento?