Los datos no mienten: Argentina vuelve a encabezar, junto a Venezuela, el vergonzoso ranking de inflación en América Latina. Esta recurrente escalada de precios, lejos de ser un fenómeno aislado, es el resultado directo de políticas fiscales expansivas y una intervención estatal que no cede. El continuo gasto público descontrolado y la emisión monetaria actúan como un impuesto encubierto, erosionando el poder adquisitivo de salarios y ahorros.

Mientras el sector productivo lucha por sobrevivir en un contexto de costos impredecibles, el Estado parece seguir la misma senda que nos llevó a esta crisis crónica. La presión impositiva asfixia a quienes generan empleo y riqueza, dejando a millones de argentinos en la incertidumbre.

¿Hasta cuándo soportará la ciudadanía esta espiral inflacionaria que parece no tener fin, y qué medidas concretas se esperan para revertir un modelo que castiga el esfuerzo y premia la inacción?