Los datos de Ambito son contundentes: la "inflación en dólares" encareció a Argentina un 1% en mayo, con gastos clave que se dispararon hasta un 53% desde 2023. Este fenómeno expone una cruda realidad: mientras el gobierno celebra la desaceleración de la inflación en moneda local, el costo de vida medido en la divisa estadounidense, parámetro fundamental para muchos, sigue escalando. Esto golpea directamente el bolsillo de la clase media y trabajadora, que ve cómo sus ingresos se licúan frente a productos y servicios dolarizados.

La devaluación inicial y la posterior apreciación del peso nominal en un contexto de alta inflación de bienes y servicios generan una trampa para el consumidor. ¿Cómo se explica que Argentina siga siendo "cara en dólares" mientras se busca estabilidad económica? La respuesta reside en una estructura de costos internos que no cede, sumada a una presión impositiva asfixiante y una falta de competencia que permite a ciertos sectores mantener precios elevados. ¿Será posible revertir esta tendencia sin afectar el tan ansiado superávit fiscal y las reformas de mercado?