El programa económico que encabeza Javier Milei junto al ministro de Economía, Luis Caputo, atraviesa una instancia decisiva caracterizada por dos señales contrapuestas. Por un lado, los últimos relevamientos oficiales y privados muestran que la inflación marcha hacia pisos no vistos en los últimos años, con desaceleraciones sustanciales en alimentos, bienes de consumo masivo y servicios regulados. Sin embargo, en forma paralela, el mercado financiero exhibe una renovada presión sobre la brecha cambiaria y la cotización de los dólares alternativos, encendiendo alarmas en los despachos oficiales sobre la disponibilidad de divisas del Banco Central.

La desaceleración de la curva de precios representa la principal bandera de gestión de la Casa Rosada. Tras el reordenamiento de los precios relativos al inicio de la gestión y un estricto ancla fiscal que eliminó el financiamiento monetario del déficit, el equipo económico logró doblegar las expectativas inflacionarias que amenazaban con una hiperinflación. La caída del índice general alienta las proyecciones del oficialismo para la reactivación del poder adquisitivo en sectores de consumo básico, un indicador clave para calibrar el apoyo de la opinión pública.

Sin embargo, la contracara del proceso se evidencia en la liquidez y la plaza cambiaria. La brecha entre el dólar oficial y las cotizaciones financieras e informales volvió a tensionarse producto de la mayor demanda de cobertura por parte de importadores, la repatriación de dividendos y la incertidumbre en torno a la flexibilización completa del cepo cambiario. Analistas privados señalan que la estrategia de crawling peg resulta insuficiente ante la apreciación del peso en términos reales, lo que incentiva la demanda de billetes estadounidenses y ralentiza la acumulación neta de reservas por parte de la autoridad monetaria.

El desafío para el Gabinete económico reside en cómo equilibrar ambas dinámicas sin sacrificar el proceso de desinflación. Levantar el esquema de restricciones cambiarias de manera prematura podría generar una volatilidad brusca sobre el tipo de cambio que repercuta directamente en las góndolas, mientras que postergar la convergencia cambiaria corre el riesgo de resentir la competitividad exportadora y desacelerar el flujo de inversiones de escala.

En este escenario de equilibrio fino, la velocidad de recuperación de la actividad económica y el respaldo crediticio internacional jugarán un rol determinante. El Gobierno confía en que el orden fiscal terminará imponiéndose sobre las presiones de corto plazo, pero los actores del mercado demandan precisiones sobre la hoja de ruta monetaria para los próximos meses.

💬 Punto de debate

¿Logrará el equipo económico mantener la desinflación firme sin verse obligado a acelerar la corrección del tipo de cambio?