La nota de Página|12 sobre la defensa "sin sonrojarse" del presidente Milei pone el foco en un fenómeno clave de la política actual: la polarización y la lealtad incondicional. Mientras sus defensores argumentan que la firmeza es necesaria para llevar adelante reformas impopulares pero urgentes, sus críticos señalan una falta de autocrítica y un blindaje mediático que impide un debate sano y constructivo.

Este escenario plantea interrogantes sobre la calidad democrática del discurso público. ¿Es posible debatir ideas y políticas cuando cualquier crítica es interpretada como un ataque personal o una conspiración de "la casta"? La libertad de expresión es fundamental, pero también lo es la capacidad de escuchar y ponderar argumentos diversos, incluso cuando provienen de sectores ideológicamente opuestos. ¿Estamos ante una nueva forma de política o un peligroso atrincheramiento ideológico?