La visita de Kristalina Georgieva dejó un balance, para algunos, sorpresivamente optimista: “la economía está creciendo y la pobreza disminuyó”, afirmó la titular del FMI. Un elogio que, si bien rescata ciertos indicadores, parece ignorar la complejidad de una macroeconomía con cepo, alta inflación y presión impositiva récord que asfixia a productores y trabajadores. Comparar el desempeño del país con un “Messi” económico puede ser una metáfora útil, pero ¿refleja la verdadera cancha que pisan los argentinos cada día?

Panorama.ar insiste en la necesidad de un análisis más profundo. ¿A qué costo se logra este crecimiento y esta disminución de la pobreza, si el gasto público sigue siendo elefantiásico y la carga tributaria impide la inversión y el desarrollo genuino? El verdadero desafío de Argentina no es un crecimiento de corto plazo maquillado, sino una transformación estructural que libere las fuerzas productivas y asegure prosperidad duradera. ¿Podemos realmente celebrar estos datos sin exigir reformas profundas?