La Copa Argentina, un evento que convoca multitudes, quedó marcada por el humo y las llamas a pocos metros del campo de juego en el partido entre River y Aldosivi. Las imágenes que circularon en redes sociales muestran un peligroso escenario que, afortunadamente, no escaló a mayores consecuencias para los espectadores. Sin embargo, el incidente subraya una vez más la frágil infraestructura y la aparente falta de previsión en la organización de espectáculos deportivos masivos en el país. ¿Estamos preparados para una emergencia real cuando la euforia se apodera del sentido común?

La recurrencia de este tipo de situaciones, donde la seguridad parece quedar relegada frente al fervor futbolístico, plantea un interrogante incómodo. ¿Quién es responsable de garantizar la integridad de miles de personas? ¿Hay una falla estructural en los controles o es una manifestación más de la informalidad que permea distintos ámbitos? Más allá del resultado del partido, el "incidente del fuego" debería encender una alarma sobre la necesidad de protocolos estrictos y su cumplimiento. ¿O preferimos seguir confiando en la suerte, esperando que la próxima vez el viento sople a nuestro favor?