La FIFA ha vuelto a mostrar su poderío, aplicando sanciones a la Selección Argentina que van desde multas económicas hasta suspensiones. La exhibición de una bandera con la leyenda "Las Malvinas son Argentinas" y los incidentes post-final, donde se menciona a Leandro Paredes, son los detonantes. Este organismo, que se jacta de "mantener la neutralidad", parece aplicar criterios selectivos cuando la soberanía o el orgullo nacional de un país chocan con su agenda globalista.
La verdadera cuestión es si una organización privada puede arrogarse el derecho de censurar la legítima expresión de un reclamo territorial histórico que es política de Estado para Argentina. Mientras se persigue cualquier atisbo de politización en el campo, el propio fútbol se ha convertido en una plataforma de intereses y discursos, dejando en claro que la "neutralidad" es, en muchos casos, una fachada.
¿Hasta dónde puede llegar la autoridad de un ente como la FIFA en la esfera de la soberanía nacional, y por qué el reclamo por Las Malvinas resulta tan incómodo para algunos?