Argentina se prepara para enfrentar la embestida del fenómeno de El Niño más potente de las últimas décadas, con pronósticos que advierten sobre inundaciones, sequías y un impacto devastador en la producción agrícola y la infraestructura. Si bien se trata de un evento climático global, la recurrencia y la intensidad de sus efectos en el país ponen en tela de juicio la capacidad de los sucesivos gobiernos para desarrollar políticas de prevención y adaptación a largo plazo. La falta de inversión en obras hídricas, planificación urbana y sistemas de alerta temprana agrava la vulnerabilidad del país ante estas catástrofes naturales.
La preocupación crece a medida que los números explican la magnitud de los desafíos. Los costos económicos de estos eventos son monumentales, afectando desde el campo hasta las ciudades, y generando pérdidas millonarias que repercuten directamente en el bolsillo de los ciudadanos. ¿Es la Argentina una víctima pasiva de la naturaleza o la falta de previsión y la mala administración de los recursos públicos nos condenan a sufrir de manera desproporcionada cada vez que un fenómeno como El Niño golpea nuestras costas y campos?