El presidente Javier Milei ha buscado eximir a su administración de la alta morosidad en Argentina, señalando directamente a los gobiernos anteriores como los únicos responsables de esta carga histórica. Según el mandatario, la deuda acumulada y los retrasos en los pagos a proveedores y acreedores son producto de décadas de mala gestión y despilfarro estatal, una narrativa que busca justificar las actuales medidas de ajuste fiscal y desregulación. Esta postura se alinea con la visión liberal de su gobierno, que enfatiza la necesidad de un Estado eficiente y austero.

Sin embargo, críticos de esta perspectiva argumentan que, si bien la herencia es innegable, cada gobierno tiene la responsabilidad de gestionar la situación y buscar soluciones activas, no solo delegar la culpa. Señalan que la recesión actual y la caída de la actividad económica podrían estar exacerbando el problema, afectando a miles de empresas y trabajadores que dependen de los pagos estatales. El debate central gira en torno a si la morosidad es solo un legado del pasado o si las políticas actuales también contribuyen a su persistencia.

¿Es la excusa de la "herencia" suficiente para justificar la morosidad actual, o el gobierno debe asumir un rol más proactivo en su resolución?