El reciente y devastador terremoto en Colombia ha puesto en relieve la vulnerabilidad sísmica de varias regiones sudamericanas, incluida Argentina. Expertos locales están analizando la posibilidad de eventos similares en nuestro territorio, lo que debería generar una discusión seria sobre la preparación y las políticas públicas de prevención. Más allá del fatalismo, ¿qué medidas concretas está tomando el Estado para proteger a la población y la infraestructura crítica?

Históricamente, la inversión en infraestructura antisísmica y la educación en prevención han sido insuficientes en comparación con la magnitud del riesgo en ciertas provincias. En un contexto de austeridad, es vital discernir si los recursos se están destinando de manera eficiente a áreas realmente críticas, o si la "casta" política sigue priorizando gastos superflúos. La prevención de desastres no es un gasto, sino una inversión estratégica que evita costos mucho mayores en vidas humanas y reconstrucción.

La comparación con experiencias como la de Colombia y Venezuela debe servir como un llamado de atención. ¿Tenemos los protocolos de emergencia adecuados? ¿Hay suficiente inversión en sistemas de alerta temprana y en la capacitación de equipos de rescate? Es hora de un plan integral, lejos de la improvisación y la burocracia, para asegurar que la tragedia ajena no se replique en casa por falta de previsión.