La actividad sísmica reciente en países como Colombia y Venezuela ha puesto en relieve la fragilidad de las infraestructuras y la preparación ante catástrofes naturales. En Argentina, con zonas de alto riesgo sísmico concentradas en la Cordillera, la pregunta sobre la efectividad de las políticas de prevención y respuesta se vuelve crucial. La Gaceta destaca que provincias como San Juan, Mendoza y Salta son las más expuestas, requiriendo planes de contingencia robustos y constantes actualizaciones.

Los expertos alertan sobre la necesidad de invertir en infraestructura antisísmica y en la concientización ciudadana. Mientras algunos funcionarios insisten en que los protocolos actuales son adecuados, la realidad de los eventos internacionales sugiere que la autocomplacencia no es una opción. La inversión en ciencia y tecnología para monitorear y predecir estos fenómenos es un pilar fundamental que no puede ser desatendido.

¿Estamos realmente tomando en serio las advertencias, o la próxima tragedia nos encontrará, una vez más, lamentando la falta de previsión y el gasto ineficiente en áreas clave de prevención?