Una trama de alto voltaje comercial y político sacude los pasillos del transporte fluvial en la Argentina. Según revelaron fuentes del sector portuario, un empresario vinculado a los equipos de Fernando Cerimedo y con lazos en el armado libertario que conduce Karina Milei habría impulsado negociaciones para adquirir una terminal portuaria estratégica emplazada sobre el corredor troncal de la Hidrovía Paraná-Paraguay, operada actualmente por capitales de origen boliviano.
La operación tomó estado público en momentos en que el Gobierno nacional afina los pliegos para la futura licitación hidrovia, un negocio multimillonario que define el dragado, balizamiento y control del tránsito por donde sale más del 75% de las exportaciones agroindustriales del país. La posibilidad de que actores vinculados a la consultoría digital y al entorno de confianza oficial pisen fuerte en la infraestructura portuaria encendió alertas entre los operadores tradicionales de la cuenca.
El puerto boliviano en cuestión resulta una pieza neurálgica para el comercio regional y la salida de cargas hacia el Atlántico. Los competidores del sector advierten que cualquier concentración indebida o posicionamiento privilegiado de cara al nuevo marco regulatorio podría comprometer la transparencia del proceso licitatorio que el propio Poder Ejecutivo prometió llevar adelante con estándares internacionales de libre competencia.
Desde el oficialismo desestimaron cualquier interferencia institucional y remarcaron que se trata de iniciativas estrictamente privadas entre compañías comerciales. Sin embargo, la oposición ya prepara pedidos de informes parlamentarios para determinar si existieron gestiones incompatibles con la función pública.
¿Podrá el proceso de licitación de la Hidrovía mantenerse al margen de las disputas de poder e intereses del entorno político?