La FIFA, con Gianni Infantino a la cabeza, ha abierto procesos disciplinarios contra la AFA, varios jugadores y un miembro técnico de la Selección Argentina por incidentes en el Mundial. Más allá de las causas específicas –que incluyen desde comportamientos en el campo hasta declaraciones– esta medida pone de manifiesto una vez más la frágil institucionalidad del fútbol argentino y la permisividad que ha caracterizado a sus dirigentes, la "casta" del deporte. Mientras algunos ven una necesaria mano dura del ente rector, otros temen una injerencia excesiva.

La AFA deberá presentar sus descargos, enfrentándose a posibles sanciones que podrían afectar la imagen y la economía del fútbol local. Este panorama obliga a reflexionar sobre la gestión actual de las federaciones y el control que ejerce la FIFA. ¿Son estos procesos una oportunidad para transparentar y reformar el fútbol argentino, o solo una excusa para que poderes externos impongan su agenda, debilitando aún más la autonomía de nuestra institución, tan permeable a los vicios de la 'vieja política'?