Una drástica sanción disciplinaria sacudió las estructuras de las Fuerzas Armadas tras conocerse el relevo inmediato del jefe de la Guarnición Militar Esquel. La medida fue dispuesta por las máximas autoridades de las Fuerzas Armadas tras confirmarse que el oficial superior rindió honores institucionales y recibió a la vicepresidenta Victoria Villarruel durante una visita a la provincia de Chubut, sin contar con la autorización previa del Ministerio de Defensa.
El incidente dejó al descubierto las crecientes fricciones que existen entre la titular del Senado y la conducción del Poder Ejecutivo Nacional. Villarruel mantiene una agenda pública autónoma orientada al contacto directo con efectivos de las fuerzas de seguridad y militares en diversos puntos del país. Sin embargo, los protocolos de la verticalidad castrense exigen una estricta coordinación previa con el Estado Mayor Conjunto y la cartera de Defensa para cualquier acto de carácter oficial.
Desde el entorno militar argumentaron que el incumplimiento del procedimiento formal quebranta la cadena de mando y sienta un precedente indeseado en la disciplina castrense. Por su parte, sectores allegados a la Vicepresidenta consideraron la remoción del oficial como una desproporcionada demostración de fuerza interna en medio de la sorda disputa política que divide a las principales figuras del oficialismo.
La decisión de la Casa Rosada busca ratificar el control absoluto sobre la estructura de Defensa y marcar límites normativos infranqueables a la agenda institucional de la Vicepresidencia. La controversia genera preocupación en los mandos intermedios ante la posibilidad de quedar atrapados en rispideces políticas. ¿Hasta qué punto este tipo de disputas institucionales puede erosionar la cohesión en la cadena de mando militar?