La figura del General José de San Martín vuelve al centro del debate político de la mano de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien lo presentó como el "norte para los argentinos que no se arrodillan y defienden la soberanía nacional". Este discurso, cargado de simbolismo, busca resonar con un electorado que valora los ideales patrios y la firmeza frente a intereses externos o internos que perciben como perjudiciales.
Sin embargo, la pregunta inevitable es si la invocación de figuras históricas de tal magnitud se traduce en acciones concretas o si, por el contrario, corre el riesgo de convertirse en un mero eslogan. En un contexto donde la soberanía económica y la independencia política son constantemente puestas a prueba por la presión del gasto público y la injerencia burocrática, ¿cómo se materializa ese "norte" sanmartiniano más allá de las palabras? ¿La defensa de la soberanía nacional que propone la vicepresidenta implica una revisión profunda de las estructuras estatales que asfixian la iniciativa privada y la libertad individual, o se limita a una retórica sin eco en las políticas de fondo?