Ante la persistente atonía que exhiben rubros clave como el comercio minorista, la construcción y la industria manufacturera, el ministro de Economía, Luis Caputo, formalizó el lanzamiento del esquema denominado Super RIGI economia. La medida busca ampliar de manera sustancial los beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios previstos para megaproyectos que prometan radicarse en el país durante el corriente año. Constituye la octava iniciativa de estímulo lanzada por el Ejecutivo en apenas dos meses con el firme objetivo de revertir el aplanamiento de la actividad.
El plan contempla la eliminación temporaria de aranceles de importación para bienes de capital clave, garantías de acceso prioritario al mercado único de cambios y una reducción considerable en las alícuotas del Impuesto a las Ganancias para aquellos proyectos que superen montos mínimos de inversión. Con esta jugada, el Ministerio de Economía procura destrabar planes paralizados en minería, infraestructura energética e industria del conocimiento, sectores con fuerte orientación exportadora.
Sin embargo, desde el sector pyme agrupado en cámaras industriales expresaron reservas respecto del alcance real del proyecto. Dirigentes gremiales destacan que mientras los grandes conglomerados internacionales reciben incentivos excepcionales, los pequeños establecimientos productivos enfrentan tarifas de servicios elevados, costos impositivos distorsivos y ventas locales amesetadas que comprometen el pago de nóminas salariales.
La efectividad de este paquete normativo dependerá de la velocidad con la que los anuncios se traduzcan en obras concretas y contrataciones en el mercado de trabajo. La brecha entre el optimismo oficial y el consumo diario plantea interrogantes urgentes para la gestión económica de los próximos meses. ¿Alcanzará esta seguidilla de exenciones para destrabar el ciclo recesivo o se necesitará un impulso directo a los ingresos de la clase media?