La hoja de ruta dispuesta por las autoridades económicas dio un paso crucial hacia la normalización financiera al efectivizarse un levantamiento del cepo parcial sobre diversas operaciones comerciales e industriales. La resolución oficial elimina la obligación de autorizaciones previas para el pago de ciertas importaciones de insumos clave y flexibiliza los plazos de giro de dividendos al exterior para empresas internacionales que operan dentro del territorio nacional.
En la nómina de ganadores inmediatos sobresalen las filiales de corporaciones globales y grandes importadores, que recuperan la capacidad de regularizar deudas operativas y planificar adquisiciones logísticas sin la zozobra de cupos burocráticos. Asimismo, el sector exportador observa con buenos ojos la remoción de trabas que entorpecían los flujos de capitales y resentían la competitividad operativa del comercio exterior argentino.
Por el contrario, los sectores volcados exclusivamente al mercado interno advierten sobre los riesgos implícitos de este movimiento. Diversas pymes del sector textil y calzado temen que la menor traba a los pagos de bienes finales terminados desate una competencia desigual frente a artículos importados de menores costos. A la par, los consumidores de a pie observan que las flexibilizaciones para las firmas no se traducen de inmediato en una liberación total para el acceso personal a divisas para ahorro individual.
La maniobra implica un delicado acto de equilibrio para el Banco Central, que deberá administrar sus tenencias de reservas netas frente a la demanda creciente de divisas por parte de las corporaciones. La evolución de esta apertura parcial pondrá a prueba la solidez del programa monetario impulsado por la Casa Rosada. ¿Podrá la economía asimilar este nivel de apertura cambiaria sin desatar sobresaltos en las cotizaciones libres?