En Argentina, la 'rosca política' parece atraer cada vez más a economistas, quienes, desde la academia o el sector privado, se postulan como salvadores de la patria o asesores indispensables. Esta tendencia, aunque promete rigor técnico, genera un debate fundamental: ¿son los economistas realmente la solución a los males endémicos de la política, o simplemente representan una nueva faceta de la 'casta' que se recicla en diferentes roles de poder, sin ofrecer cambios sustanciales a la burocracia y el gasto público?

Si bien la expertise económica es crucial para un país en crisis, la política requiere una visión más amplia que la mera gestión de números. La obsesión por colocar economistas en cada esfera de decisión puede derivar en tecnocracias desconectadas de las necesidades reales de la sociedad, o peor, en la justificación de políticas que, bajo el manto de la 'ciencia económica', terminan beneficiando a intereses particulares. ¿Es la llegada de más economistas al poder una verdadera reforma del Estado o solo una renovación de caras en el mismo sistema de privilegios?