Dentro del marco conceptual expuesto por el Gobierno nacional, dos términos han cobrado un protagonismo central en la discusión económica: la 'dolarización endógena' y la 'remonetización' del mercado. Ambos conceptos constituyen la piedra angular teórica sobre la cual el equipo económico justifica la transición hacia un régimen de libre competencia de monedas, mediante el cual el uso del peso iría perdiendo preponderancia de manera gradual frente a la divisa estadounidense.

La dolarización endógena alude al proceso por el cual los propios ciudadanos y agentes económicos eligen voluntariamente realizar contratos, compras y ahorros en dólares a medida que se eliminan las restricciones cambiarias. A diferencia de una dolarización decretada por ley, este esquema propone que la escasez relativa de pesos en la economía obligue a la sociedad a utilizar sus tenencias informales en moneda extranjera para cancelar impuestos y sostener sus gastos corrientes, desplazando al peso de forma natural.

Por su parte, la remonetización se refiere a la expansión del dinero circulante dentro del sistema formal a través del crédito y la bancarización de divisas, en lugar de la emisión directa del Banco Central. Según los teóricos del plan oficial, al ingresar dólares guardados al circuito financiero, se genera una liquidez genuina que dinamiza la actividad económica sin alimentar la carrera inflacionaria.

No obstante, diversos economistas académicos cuestionan la viabilidad práctica de este planteo. Advierten que impulsar una dolarización de facto puede acentuar la brecha de ingresos entre quienes acceden a moneda dura y los asalariados o jubilados que cobran estrictamente en moneda nacional, vulnerando el entramado social en momentos de recesión.

💬 Punto de debate

La aplicación de estos postulados teóricos marca un punto de inflexión en la historia monetaria del país. ¿Conseguirán la dolarización endógena y la remonetización establecer un orden duradero o terminarán acentuando la dualidad económica de los argentinos?